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21/03/2015

alienacion 6

Alienación Parental:
Derechos olvidados

La Nación (Argentina)
Martes 15 de Agosto de 2000
Por Christine Brink
Süddeutsche Zeitung

MUNICH.- LOS tribunales alemanes tratan con excesiva negligencia (o indiferencia) los pleitos entre divorciados por la custodia de los hijos. Tal lo expresado por la Corte Europea de Derechos Humanos, en Estrasburgo, al fallar en favor de un padre de 53 años, residente en Hamburgo, que reclamaba el derecho a visitar a su hijo. Tras haber escuchado a Peter Koeppel, experto en derechos del niño, la CEDH impuso a la Justicia alemana el pago de 35.000 marcos (16.000 dólares) de indemnización por daños, más 6000 marcos de costas. Su fallo puso fin a una larga batalla judicial.

El demandante se divorció en 1988. Durante dos años, visitó periódicamente a su hijo. Luego, en 1991, a pedido de la madre, un juez alemán le negó el derecho a seguir viéndolo. Al año siguiente, un tribunal de distrito rechazó su petición de una orden judicial que reglamentara las visitas. Apeló y, en 1993, un tribunal superior falló en su contra alegando que no sería conveniente para el niño ver a su padre. En los considerandos, sostuvo la imposibilidad de imponer el derecho de visita contra la voluntad de la madre, por cuanto podría crear en el niño un conflicto de lealtades. Los jueces no creyeron necesario consultar a un experto en problemas infantiles.

Honor de la familia

La batalla continuó en todas las instancias. El siguiente tribunal de distrito ni siquiera escuchó la demanda del padre. Lo mismo hizo, poco después, la Corte Constitucional.

Ahora, la CEDH refuta a los jueces alemanes, sobre todo por su negativa a recabar el testimonio pericial de psicólogos. A su entender, ofendieron el honor de la familia, tal como lo garantiza la Convención Europea sobre Derechos Humanos, y violaron el derecho del padre a un juicio imparcial. Los defensores de los derechos del niño llevan años clamando por una mejor capacitación psicológica de los jueces de familia, en un esfuerzo por sensibilizarlos respecto a los problemas de salud mental implícitos en los casos de custodia. Si bien muchos jueces ya los han estudiado por iniciativa propia, para los analistas todavía son demasiados los que recaen prontamente en los conceptos evasivos del "bienestar del niño" y "los deseos del niño". En el caso que nos ocupa, el hijo -que por entonces tenía menos de 5 años- dijo ante los jueces que no quería ver más a su padre.

Los estudios han demostrado que, a menudo, los "deseos" de un niño obedecen a manipulaciones del progenitor que lo tiene en custodia. Más aún, desde 1984 la terminología clínica contiene una expresión que describe el estrés que experimenta un niño en tales circunstancias: síndrome de alienación parental. Los hijos de padres separados temen perder también al progenitor con quien conviven si expresan claramente, ante un juez, su rechazo hacia él o ella.

El padre tenía motivos para abrigar la esperanza de encontrar un psicólogo infantil familiarizado con los últimos descubrimientos en la materia, capaz de convencer a los jueces de su validez. Pero hubo otra gran injusticia que, tal vez, nunca se reparará: los juicios de custodia suelen durar añares. En este caso, el hijo no ve a su padre desde 1991. Hoy tiene 13 años y, conforme a la ley alemana, cuando cumpla 14 podrá negarse a verlo.

Pleitos internacionales

La Corte Constitucional ha señalado que las dilaciones constantes son inaceptables en los juicios por la custodia de niños de muy corta edad. De nada ha servido.

Hace un par de meses, una disputa en torno al trato que da la Justicia alemana a los padres norteamericanos enzarzados en pleitos internacionales por la custodia de sus hijos amenazó empañar la visita de Clinton a Alemania. En los Estados Unidos, el público se adueñó del caso de Joseph Cooke; los alemanes, mayoritaria y equivocadamente, lo tomaron como un número más de ese circo que es la carrera presidencial norteamericana. Hubo negociaciones de alto nivel entre el Departamento de Estado y el Ministerio de Justicia alemán y Cooke podrá ver a sus hijos que, desde hace más de siete años, viven con una familia alemana.

"Todo niño, desde que nace, tiene el derecho inalienable a sentirse amado por ambos progenitores. Es una relación de por vida, que no termina con la separación de los padres", escribió un juez de la Alta Corte de Baviera. Al parecer, sus colegas de Estrasburgo piensan lo mismo.
Traducción de Zoraida J. Valcárcel



 
 
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